Basta con elegir una raza: elfo, enano, semielfo, humano; y profesión: guerreros, pícaros, magos, clérigos, bárbaros... para hacer una épica historia con él. Y posiblemente, carezca al comienzo de un poderoso trasfondo para iniciar la historia y otorgarle un pasado al personaje que le de vida, pero no importa, porque cada aventura, cada batalla y cada viscisitud superada, curte a tú personaje aumentando la notoriedad de tú avatar en un mundo donde todo es posible.
De todas las partidas jugada, me quedo con una. Un glorioso periplo que los bardos cantarán durante siglos. Cada semana que nos fuera posible quedábamos una vez, durante 3 o 4 horas para trasladarnos a Faerum. Y bajo la batuta de nuestro querido Master "Elminster", un arrogante mago, Keilen Angarath; un curtido guerrero, Elyhazer; un simpático gnomo y un simplón y oportunista explorador (cuyos nombres tendrán que ayudarme a recordar); emprendimos una historia digna de ser recordada en todos los Reinos.
Desde nuestros humildes inicios, hasta convertirnos en los Caballeros del Portal de la Gloria, pasaron cerca de dos años de juego. Quisiera recordar que empezamos nuestras peripecias como mercenarios contratados para liberar una minas infestadas de gobblins y de alguna manera acabamos al mando de Lord Alagondar. Buscábamos un artefacto conocido como el portal de la Gloria, y acabamos derrotando a una horda de demonios, o diablos, no lo recuerdo; traídos del plano abisal dispuestos a conquistar Cormyr.Lo que recuerdo a la perfección, fue como un fin de semana que pasamos en la casa-campo de nuestro particular gnomo, jugamos horas y horas y en el culmen de la historia representamos de viva voz y espíritu la arenga a los soldados que liderábamos y la batalla final. Temo que no exista un fin de semana tan exquisitamente ameno, creativo y épico en mi vida; porque sin duda allí, nuestros personajes lo dieron todo por derrotar a los enemigos, por aunar los esfuerzo en pos de una noble causa, por sacrificar la vida de nuestros protagonistas y finalmente llorar a los caídos en batalla...
Tras terminar esta epopeya de características legendarias, ocupamos un lugar de honor dentro de la corte de Cormyr, al servicio del Rey Azoun IV, bajo la tutela de Lord Alagondar, comandante en jefe de los ejércitos cormytas.
Como muestra de gratitud, Elyhazer fue nombrado Sir Elyhazer, capitán de la milicia en Cormyr y caballero del distinguido cuerpo de los Dragones Púrpuras. Keilen Angartah, ilustre mago de la Cormyr; nuestros querido y nunca bien ponderado explorador, ascendió a Sumo Explorador de Cormyr y el gnomo... jefe del gremio de alquimistas. Recompensas nada desdeñables... tener 500 milicianos a mi cargo era un honor.
Aquí la partida tomo un in-pass hasta el día de hoy...
Tras este inmerecido pero catártico resumen, la historia de los jugadores tomó otros derroteros, y nuestros personajes quedaron allá, aguardando impacientes a sus avatares del plano terrenal; deseando ser poseídos para insuflarle vida y conducirlos a mil y una aventuras.
Más adelante, le dedicaré alguna entrada a los personajes de esta odisea.
Ellos lo merecen por el bien de la memoria histórica.
















